Cuando el cuerpo habla y el alma pide una pausa
- caroce7
- 4 feb
- 3 Min. de lectura

Mirar hacia atrás con conciencia
A veces, cuando miramos hacia atrás y revisamos todo lo que hemos vivido —lo que superamos, lo que aprendimos, lo que nos dolió y lo que nos fortaleció— descubrimos versiones de nosotros mismos que antes no habíamos sabido ver. No porque no estuvieran ahí, sino porque en ese momento no teníamos la madurez, la calma o la conciencia necesarias para reconocerlas.
Hoy, a pocos días de cumplir 50 años —y todavía me sorprende escribirlo— siento que algo ha cambiado profundamente en mí. Físicamente me siento más joven que nunca, pero en mi manera de pensar, de sentir y de mirar la vida, sí me siento de 50… y me encanta. Me encanta la calma, la claridad y la forma distinta en la que hoy abrazo mi propia historia.
El éxito profesional y el costo invisible
Durante muchos años tuve una carrera profesional altamente exitosa en el mundo de Recursos Humanos. Trabajé en importantes multinacionales y soñaba con llegar a ocupar un rol de liderazgo que representara todo aquello para lo que me había preparado. Lo soñé… y lo logré.
Llegué a ocupar el cargo de Gerencia de Recursos Humanos en una empresa del sector petrolero, siendo parte de un comité directivo mayoritariamente masculino, con altos niveles de antigüedad y trayectorias muy consolidadas.
Al comienzo no lo noté, pero con el tiempo entendí que vivir en un constante modo de demostración —de capacidades, experiencia y valor— fue dejando huellas profundas. Los primeros años fueron retadores; los siguientes comenzaron a cobrar un precio mucho más alto.
Cuando el cuerpo empieza a hablar
Poco a poco, mi energía comenzó a disminuir. Mi cuerpo empezó a hablar. Mi mente se agotaba. Aparecieron sensaciones de vigilancia constante, cuestionamientos reiterados y situaciones de acoso laboral que tuve que enfrentar desde el rol que ocupaba, mientras internamente algo se iba quebrando en silencio.
Los síntomas físicos no tardaron en manifestarse: dolores de cabeza intensos, dificultades para dormir, pérdidas personales profundas, alertas médicas y procesos físicos complejos que hoy puedo leer con mayor claridad. Mi cuerpo estaba buscando, de todas las formas posibles, alejarse de un entorno que ya no era saludable para mí.
La pausa que salvó mi salud
Tomar la decisión de irme no fue fácil. El peso del “qué dirán” estaba muy presente: una buena empresa, estabilidad económica, un cargo reconocido. Desde afuera, todo parecía perfecto. Sin embargo, el agotamiento físico, mental y emocional llegó a un punto en el que comprendí que, si no me detenía, el costo sería mucho mayor.
Un día reuní el valor necesario… y renuncié.
Reinventarse sin borrar la historia
Me alejé por completo del mundo laboral durante dos años. Mi cuerpo, mi mente y mi alma lo necesitaban. Fue una pausa profunda, una desintoxicación real, un espacio de silencio y recuperación.
Cuando volví a sentirme en equilibrio, comenzó una conversación honesta conmigo que se extendió durante meses. No se trataba de borrar mi historia profesional, sino de resignificarla. De reinventarme sin perder todo lo aprendido.

Ahí apareció el Coaching.
El coaching como camino de propósito
Estudiar y certificarme como coach fue un bálsamo. Fue reencontrarme, reconstruirme y recordar quién era. Descubrí que acompañar a otras personas en sus procesos —algo que había estado presente a lo largo de toda mi carrera— podía convertirse no solo en una profesión, sino en un verdadero propósito de vida.
Hoy, después de casi diez años acompañando a seres humanos en sus procesos de transformación personal y profesional, puedo decir con profunda gratitud que este es el camino que elegí conscientemente. Acompaño desde el Coaching Ejecutivo y el Coaching de Vida, hoy nutrido también por una mirada holística que integra cuerpo, mente y alma.
No hay edad para volver a elegir
Me reinventé a mis 40. Y hoy, a punto de cumplir 50, puedo afirmar con certeza que no hay edad para detenerse, escucharse, sanar y volver a elegir. No hay edad para soltar aquello que enferma. No hay edad para construir una vida más coherente con quien realmente somos.
Estuve muy cerca del burnout… pero elegí parar. Y esa decisión cambió mi vida.
¿Qué tendrías que soltar hoy para empezar a vivir una vida más coherente con quien realmente eres? (Permítete escucharte antes de responder.)





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